
Se dio la vuelta y vio a Joanie en la puerta, con una niña muy pequeña colocada sobre la cadera. La pequeña movía constantemente los pies, provocando así que sonaran sin parar los cascabeles que llevaba en los zapatos.
– Oh, Joanie… Es preciosa.
– Sí -susurró Joanie antes de besar la cabeza de su hija-.Así es. ¿Te gustaría tomarla en brazos?
– Claro que sí -afirmó Vanessa. Cruzó el salón para tomar en brazos a la pequeña. Después de observarla con cierta sospecha, Lara sonrió y volvió a agitar los pies-. ¿Quién es la más bonita de la casa? -añadió, mientras levantaba a la niña por encima de su cabeza y le daba vueltas-. ¿Quién es lo más maravilloso?
– Se nota que le caes bien -comentó Joanie, muy satisfecha-. No hacía más que decirle que, tarde o temprano, conocería a su madrina.
– ¿A su madrina? -preguntó Vanessa, algo confusa, tras colocarse a la niña sobre la cadera.
– Claro. Te envié una nota después de que naciera. Sabía que no podrías venir al bautizo, por lo que tuvimos que conformarnos con hacerlo por poderes, pero quería que Brady y tú fuerais los padrinos. Recibiste la nota, ¿verdad? -añadió, al ver la confusión que se reflejaba en el rostro de Vanessa.
– No. No la recibí. Ni siquiera sabía que te habías casado hasta que mi madre me lo dijo ayer.
– Pero la invitación de boda… Bueno, tal vez se perdió. Siempre estabas viajando tanto…
– Sí… Ojalá lo hubiera sabido. Si lo hubiera sabido, habría encontrado el modo de estar aquí.
– Ahora estás aquí.
– Sí. Ahora estoy aquí. Dios, te envidio tanto, Joanie -confesó.
– ¿A mí?
– Esta hermosa niña, esta casa, la mirada que se te refleja en los ojos cuando hablas sobre Jack… Me parece que me he pasado doce años sumida en un sueño mientras tú te has preocupado de formar una familia, un hogar y una vida propia.
– Creo que las dos tenemos una vida propia. Tan sólo son diferentes. Tú tienes tanto talento, Van… Hasta cuando éramos niñas yo me quedaba asombrada. Deseaba tanto tocar el piano como tú… -comentó, instantes antes de darle un abrazo a su amiga-. Por mucha paciencia que tuvieras conmigo yo ni siquiera era capaz de tocar una canción infantil.
