– Viniste a verme porque yo jugaba sin camiseta y querías verme el torso cubierto de sudor.

Vanessa volvió a soltar una carcajada. Sabía que aquello era completamente cierto. Se volvió a mirarlo y vio que Brady estaba sonriendo y que parecía muy relajado. Siempre le había resultado muy fácil relajarse. Y siempre había sabido cómo hacerla reír.

– En realidad, tu torso cubierto de sudor no merecía tanto la pena.

– He engordado un poco. Y sigo jugando al baloncesto -comentó. Aquella vez, Vanessa no notó que comenzaba de nuevo a acariciarle el cabello-. Recuerdo perfectamente aquel día. Fue a finales de verano, antes de que empezara mi último curso en el instituto. En tres meses, tú habías pasado de ser una niña pesada para convertirte en una chica muy sexy con aquella melena castaña y esas piernas tan estupendas que solías dejar al descubierto cuando te ponías pantalones cortos. Eras tan guapa. Hacías que la boca se me hiciera agua.

– Tú siempre estabas mirando a Julie Newton.

– No. Fingía mirar a Julie Newton mientras te miraba a ti. Entonces, aquel día fuiste al parque. Habías estado en la tienda de Lester porque tenías un refresco en la mano. Era un refresco de uva.

– Pues menuda memoria tienes.

– Bueno, estamos hablando de un momento muy importante en nuestras vidas. Tú me dijiste «Hola, Brady. Parece que tienes mucho calor. ¿Quieres un trago?».Yo estuve a punto de comerme de un bocado la pelota. Entonces, empezaste a flirtear conmigo.

– Eso no es cierto.

– Empezaste a pestañear.

– Yo nunca he hecho nada semejante -replicó ella, tratando de contener la risa.

– Te aseguro que entonces sí que pestañeaste -comentó Brady, con un suspiro-. Fue estupendo.

– Tal y como yo lo recuerdo, tú estabas presumiendo en la cancha, haciendo ganchos y canastas, lo que fuera. Cosas de machos. Entonces, me agarraste.

– Me acuerdo de eso. Me gustó.



28 из 166