– No, pero me habría gustado verte. Algunas veces, las personas que me rodean me protegen demasiado.

– Creo que tienes razón.

Brady le colocó una mano debajo de la barbilla. Era mucho más hermosa de lo que recordaba, y también mucho más frágil. Si la hubiera visto en Nueva York, en un lugar menos sentimental para ambos, ¿se habría sentido tan atraído por ella? No estaba seguro de querer saberlo.

Le había pedido que fueran amigos. Le costaba mucho no desear ser algo más.

– Pareces muy cansada, Van. Podrías tener mejor color de cara.

– Ha sido un año muy ajetreado.

– ¿Duermes bien?

– No empieces a jugar a los médicos conmigo, Brady -comentó ella, apartándole la mano.

– En estos momentos, no se me ocurre nada que me gustaría más, pero te hablo en serio. Pareces agotada.

– No estoy agotada, sólo un poco cansada. Por eso me voy a tomar un descanso.

– ¿Por qué no vienes a la consulta para que te haga un reconocimiento?

– ¿Es así como ligas ahora? Antes solías decir «Vamos a aparcar al Molly's Hole».

– Ya llegaré a eso. Mi padre puede examinarte.

– No necesito un médico -afirmó. En aquel momento, Kong regresó y ella comenzó a acariciarlo-. Nunca estoy enferma. En casi diez años de conciertos, no he tenido que cancelar nunca ni uno por razones de salud. No voy a decir que no me ha resultado difícil regresar aquí, pero lo estoy superando.

«Tan testaruda como siempre», pensó él. Tal vez sería mejor vigilarla, como médico, durante los siguientes días.

– A pesar de todo, a mi padre le gustaría verte, si no profesionalmente, al menos sí personalmente.

– Iré a verlo. Joanie me ha dicho que tú tienes un montón de pacientes femeninas. Me imagino que lo mismo le ocurrirá a tu padre, si sigue siendo tan guapo como lo recuerdo.

– Ha tenido… unas cuantas ofertas interesantes, pero todo se ha terminado desde que tu madre y él están juntos.



30 из 166