Y cuando oyó su tos, mientras bajaba las escaleras, Martín se tiró sobre la cama y lloró. Sólo horas más tarde tuvo fuerzas para terminar de arreglar su bolsa marinera. Cuando salió eran las dos de la mañana, y en el taller de su padre vio luz.

– "Ahí está -pensó-. A pesar de todo vive, todavía vive."

Caminó hacia el garaje y pensó que debía sentir una gran liberación, pero no era así; una sorda opresión se lo impedía. Caminaba cada vez más lentamente. Por fin se detuvo y vaciló. ¿Qué es lo que quería?

VIII

Hasta que volví a verla pasaron muchas cosas… en mi casa… No quise vivir más allá, pensé irme a la Patagonia, hablé con un camionero que se llama Bucich ¿no le hablé nunca de Bucich? pero esa madrugada… En fin, no fui al sur. No volví más a mi casa, sin embargo.

Se calló, rememorando.

– La volví a ver en el mismo lugar del parque, pero recién en febrero de 1955. Yo no dejé de ir en cada ocasión en que me era posible. Y sin embargo no me pareció que la encontrase gracias a esa espera en el mismo lugar.

– ¿Sino?

Martín miró a Bruno y dijo:

– Porque ella quiso encontrarme.

Bruno no pareció entender.

– Bueno, si fue a aquel lugar es porque quiso encontrarlo.

– No, no es eso lo que quiero decir. Lo mismo me habría encontrado en cualquier otra parte. ¿Entiende? Ella sabía dónde y cómo encontrarme, si quería. Eso es lo que quiero decir. Esperarla allá, en aquel banco, durante tantos meses, fue una de las tantas ingenuidades mías.

Se quedó cavilando y luego agregó, mirándolo a Bruno como si le requiriera una explicación.

– Por eso, porque creo que ella me buscó, con toda su voluntad, con deliberación, por eso mismo me resulta más inexplicable que luego… de semejante manera…

Mantuvo su mirada sobre Bruno y éste permaneció con sus ojos fijos en aquella cara demacrada y sufriente.



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