«Cálmate», se recordó. Conversar con ellos le llevaría más lejos que ponerse a gritar. Sin embargo, cuando abrió la boca, se vio gritando desde la primera palabra.

– ¿En qué demonios estabais pensando? -dijo cerrando la puerta de un golpe y plantando las manos sobre sus caderas-. Os faltaba un semestre para terminar. ¡Solo uno! Podríais haber terminado las clases y haberos graduado para después obtener una licenciatura, algo que nadie podría haberos arrebatado. Pero, ¿pensasteis en eso? ¡Claro que no! En lugar de eso, os largasteis, os marchasteis antes de terminar. ¿Y para qué? ¿Para participar en un ridículo programa?

Los gemelos se miraron.

– El programa no es ridículo. No, para nosotros.

– ¿Porque sois profesionales? ¿Sabéis lo que estáis haciendo? -los miró a los dos-. Quiero encerraros en esta maldita habitación hasta que os deis cuenta de lo estúpidos que estáis siendo.

Stephen asintió lentamente.

– Por eso no te dijimos nada hasta después de llegar aquí, Finn. No queríamos hacerte daño ni asustarte, pero estás atándonos demasiado.

Ésas fueron unas palabras que Finn no quería oír.

– ¿Por qué no podíais terminar la facultad? Eso era lo único que quería. Hacer que terminarais vuestros estudios.

– ¿Habría terminado todo ahí? -le preguntó Sasha-. Eso ya lo has dicho antes. Que lo único que teníamos que hacer era terminar el instituto y que entonces nos dejarías tranquilos. Pero no lo hiciste. Ahí estabas, presionándonos para que fuéramos a la universidad, controlando nuestras notas y nuestras clases.

Finn sintió su ira aumentar.

– ¿Y qué tiene eso de malo? ¿Es malo que quiera que tengáis una buena vida?

– Quieres que tengamos tu vida -dijo Sasha mirándolo-. Te agradecemos todo lo que has hecho, nos importas, pero ya no podemos hacer lo que tú quieras.



14 из 236