– Al suelo, tropa. Una tormenta se aproxima por el horizonte… -Richard se llevó la mano a la frente, como si quisiera protegerse de la esperada reprimenda.

– Un reproche bien merecido -afirmó Darcy con un resoplido.

– Sí, pero apelo a tu naturaleza bondadosa y amable… -siguió diciendo Richard. Su primo volvió a resoplar, pero no pudo contener una sonrisa-. Y culpo enteramente a tu amigo.

Darcy soltó una carcajada al oír aquello.

– ¿Mi amigo? Dy apenas me dirigió la palabra cuando te vio en el salón.

– Fue muy atento, ¿verdad?

– ¡Excesivamente!

– Un hombre muy simpático, ciertamente, ¡y bien informado! Siempre había pensado que era un tipo superficial y frívolo. Y nunca había podido entender el cariño que le tenías, Fitz. Una personalidad muy distinta a la tuya.

– Él no era así en la universidad. De hecho, era muy diferente.

– Si tú lo dices. -Fitzwilliam se encogió de hombros y se recostó contra los mullidos cojines del landó-. Y estoy tentado a creerte después de anoche. Antes no comprendía muy bien por qué lo habías autorizado a visitar a Georgiana mientras estamos ocupados en nuestra peregrinación a Rosings; sin embargo, ahora reconozco que ha sido una estupenda decisión.

Darcy asintió con la cabeza.

– Sí, la aprobación de Brougham será muy valiosa cuando Georgiana se presente en sociedad el año próximo.

– Oh, de eso también estoy seguro -afirmó Richard de manera enfática. Darcy lo miró con curiosidad y entonces su primo dejó el periódico y se lo puso sobre las rodillas-. ¿No has notado lo amable que es Georgiana con Brougham? Él la hace reír con una facilidad enorme y son capaces de conversar durante horas, o lo harían, si las normas sociales no lo impidieran.



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