
Fue entonces cuando conoció a Charlie, que los invitó a Adam y a él a cenar en su apartamento para darles las gracias. Los tres hombres no podían ser más diferentes, pero aun así descubrieron vínculos entre ellos: las causas que defendían y el hecho de no estar casados ni manteniendo una relación seria en aquellos momentos. Adam acababa de divorciarse. Charlie había roto recientemente su segundo compromiso de boda e invitó a los dos al barco que poseía entonces, en el que tenía pensado pasar su luna de miel, para que le hicieran compañía durante el mes de agosto. Pensó que un viaje con sus dos nuevos amigos le serviría de distracción, y resultó incluso más agradable de lo que se esperaba. Lo pasaron estupendamente. La chica con la que Gray había estado saliendo había intentado suicidarse en junio y se había marchado con uno de los alumnos de Gray en julio. En agosto, Gray se sintió muy aliviado al poder salir de la ciudad, y muy agradecido por la oportunidad que le brindaba Charlie. En aquellos momentos andaba aún peor de dinero que de costumbre. Y Adam había pasado una primavera tremenda, con las lesiones de dos deportistas de élite y la cancelación de una gira de una banda de lama internacional que acabó en una docena de pleitos.
El viaje en el barco de Charlie fue perfecto, y desde entonces lo repetían anualmente. El de este año prometía ser igual: Saint Tropez, Montecarlo para jugar un poco, Portofino, Cerdeña, Capri y dondequiera que les apeteciera detenerse por el camino. Sólo llevaban dos días en el barco, y los tres estaban ilusionados.
Charlie disfrutaba plenamente de la compañía de sus amigos, y ellos de la suya. Y el Blue Moon era el emplazamiento ideal para compartir diversión y travesuras.
