Gray dijo que él habría sido feliz con Catherine Deneuve, a cualquier edad. Le gustaban las mujeres de su edad, o incluso algo mayores, si bien Catherine Deneuve no podía ser candidata, porque parecía completamente normal y relajada hablando y riendo con sus amigos. La mujer que andaba buscando Gray, o en la que se habría fijado, estaría llorando calladamente en un rincón, o hablando entre sollozos por el móvil, con expresión angustiada. La chica que Adam tenía en mente sería unos diez años mayor que su hija adolescente, y a él le tocaría pagarle unos implantes de pechos y una operación de nariz. Para Charlie, la chica de sus sueños iba adornada por una aureola y llevaba zapatitos de cristal, pero en la ocasión definitiva, cuando sonaran las campanadas de medianoche, ella no saldría corriendo, ni desaparecería; se quedaría en el baile, prometería no abandonarlo jamás y bailaría entre sus brazos eternamente. Aún albergaba la esperanza de encontrarla, algún día.

CAPÍTULO 02

El capitán fondeó el Blue Moon en el extremo del muelle de Saint Tropez aquella tarde. Supuso toda una hazaña, porque no era fácil encontrar sitio en temporada alta. Debido a su tamaño, tenía que estar en primera fila, y en cuanto lo amarraron Charlie se arrepintió de haber entrado en el puerto con el barco en lugar de haber ido en la lancha, como prefería hacer. Los paparazzi se abalanzaron en tropel, atraídos por las dimensiones del yate. Hicieron un montón de fotografías a los tres hombres cuando entraban en un coche que los estaba esperando. Charlie no les hizo caso, y Adam tampoco, pero Gray saludó con la mano.

– Pobres diablos. Qué forma tan asquerosa de ganarse la vida -se compadeció, mientras Adam, que detestaba a la prensa, gruñía.

– Parásitos. Buitres. Eso es lo que son-dijo.

La prensa creaba continuamente problemas a sus clientes. Había recibido una llamada de su despacho aquella misma tarde.



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