En el extremo del puerto se había congregado la habitual multitud de paparazzi a la espera de la llegada de yates para ver quién iba a bordo. Seguían a los famosos en motos, acosándolos sin cesar, y tomaron una última foto del Blue Moon mientras se alejaba, suponiendo, sin equivocarse, que aquel super-yate volvería por la noche. En la mayoría de las ocasiones fotografiaban a Charlie mientras paseaba por la ciudad, pero él raramente daba pábulo a les chismorreos de los tabloides. Aparte de la opulencia y el tamaño de su yate, Charlie llevaba una vida relativamente tranquila y evitaba a toda costa los escándalos. Simplemente era un hombre muy rico de viaje con dos amigos, de los que ningún lector de los tabloides había oído hablar. A pesar de las grandes estrellas que conocía y a las que representaba, Adam siempre se mantenía en segundo plano. Y Gray Hawk no era más que un pintor medio muerto de hambre.

Eran tres hombres solteros, amigos íntimos, dispuestos a divertirse durante el mes de agosto. Estuvieron nadando media hora antes del almuerzo. Después, Adam se montó en una de las motos acuáticas para dar una vuelta y gastar un poco de energía, mientras Gray dormía en cubierta y Charlie se fumaba un habano. Era una vida perfecta. A las dos y media se subieron a la lancha para comer en el Club 55. Como ocurría con frecuencia, allí estaba Alain Delon, y también Gerard Dépardieu y Catherine Deneuve, sobre la que los tres amigos hablaron largo y tendido. Todos coincidieron en que seguía siendo guapísima, a pesar de su edad. Respondía al tipo que le gustaba a Charlie, solo que era considerablemente mayor que las mujeres con las que salía, que por lo general no sobrepasaban los treinta, cuando no eran incluso más jóvenes. Raramente salía con mujeres de su edad. Pensaba que las mujeres de cuarenta y tantos eran para los hombres de sesenta, o de más edad. Y a Adam le gustaban muchísimo más jóvenes.



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