Romana sonrió con aspereza mientras le ofrecía su propio teléfono móvil.

– Está siendo retransmitido por televisión, así que esas personas podrán verlo en directo y sentir que ha valido la pena pagar -añadió, sin poder resistirse-. Yo misma pagaré.

Estaba seguro de que ella sería capaz, pero negó con la cabeza.

– Me atendré al acuerdo al que hemos llegado. Tú haces lo que harías normalmente y yo te observo. ¿Vas a saltar?

– Una de las hermanas Claibourne tiene que hacer el salto de inauguración. India y Flora descubrieron de pronto que tenían compromisos ineludibles, así que… Pero es una pena, si llego a saber que estarías aquí lo habría arreglado para que hiciéramos juntos el salto inaugural. Ya tenemos asegurada la portada de la revista Celebrity de la semana que viene, pero contigo en la foto podríamos haber conseguido salir también en las páginas de economía.

– ¿Cuánto habéis conseguido de los patrocinadores?

– ¿Por mi salto? -preguntó mirando hacia la grúa-. ¿Crees que vale la pena jugarse el cuello por cincuenta y tres mil libras?

– ¿Cincuenta y tres mil libras? -estaba impresionado, pero no tenía ninguna intención de demostrarlo-. ¿Hay tanta gente dispuesta a verte aterrorizada?

– ¿Aterrorizada? -respondió Romana abriendo mucho los ojos.

– Se trata de eso, ¿no? Les haces creer que te dan pánico las alturas y así los patrocinadores pagan por oírte gritar.

– Tengo que asegurarme de que están satisfechos por lo que han pagado -contestó ella tras una pausa-. Gracias por recordármelo.

Una mujer joven vestida con una sudadera reclamó en ese momento la atención de Romana.


– ¿Quién es ese hombre tan guapo?



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