
Su rostro se sonrojó al notar que se excitaba, y alejó un poco a Roanna de si mismo. Su corazón se había acelerado, con la excitación y el triunfo. Era algo insignificante, pero de pronto tuvo la certeza de que podría manejar a Jessie. En esos pocos segundos toda su relación cambió, la informal relación de primos de la niñez había quedado en el pasado, y una relación más complicada, de volátil pasión entre un hombre y una mujer había ocupado su lugar. El proceso se había ido desarrollando durante todo el verano, pero ahora estaba completado. Echó un vistazo a la cara enfurruñada de Jessie, su labio inferior sobresalía formando un puchero, y deseó besarla hasta que se olvidara de la razón de hacerlo. Posiblemente ella no lo entendiera aún, pero él sí.
Jessie iba a ser suya. Era malcriada y arisca y sus emociones tenían una intensidad volcánica. Haría falta mucha habilidad y arrojo para imponerse a ella, pero algún día lo conseguiría, tanto física como mentalmente. Tenía dos ases en la manga que Jessie aún desconocía: el poder del sexo y el atractivo de Davencourt. La noche del accidente, tía Lucinda había hablado largo y tendido con él. Solo ellos se quedaron levantados, Tía Lucinda meciéndose y llorando silenciosamente mientras se sobreponía a la pérdida de sus dos hijos y, finalmente Webb había reunido el valor suficiente para acercarse a ella y rodearla con los brazos. Y entonces ella se derrumbó, sollozando como si se le hubiera roto el corazón – fue la única vez que se abandonó completamente a su dolor.
Pero cuando se serenó, permanecieron sentados a solas hasta primera hora de la mañana, hablando en susurros. Tía Lucinda tenía una gran reserva de fuerza interior, y se había impuesto la tarea de asegurar la seguridad de Davencourt.
