La culpabilidad la atormentaba. Había dado este paseo por el lado salvaje de buena gana, pero ya había tenido suficiente. Se casaría con el Heredero, como todos esperaban de ella, y pasaría el resto de su vida siendo una dócil Davenport.

En silencio se sentó y comenzó a vestirse. El la contemplo con somnolienta malicia en sus azulísimos ojos. -¿Qué pasa?-, se burló.- ¿Creías que eras especial para mi? Deja que te diga algo, nena: pillar es pillar, y tú precioso nombre no hace de ti algo especial. Lo que he conseguido de ti, puedo tenerlo de cualquier otra zorra.

Ella se puso los zapatos y se levantó. Lo hiriente de sus palabras la fustigó, pero no se permitió reaccionar a ellas. En cambio simplemente le contestó, -No volveré.

– Seguro que sí-, dijo él perezosamente, estirándose y frotándose el pecho. -Porque lo que has recibido de mi, no puedes conseguirlo en ninguna otra parte.

No miró hacía atrás mientras caminaba hacia donde su caballo estaba atado, y dolorida se aupó sobre la silla de montar, sin su destreza habitual. La idea de que la volviesen a utiliza como a una puta, hizo que la nausea ascendiera otra vez ardiente y amarga por su garganta, y ansió patearlo por su maliciosa y enorme autoconfianza. Olvidará el acalorado y destructivo placer que le había dado y se contentaría con la vida que habían planificado para ella. No podía pensar en nada peor que volver arrastrándose ante él y ver brillar el triunfo en sus ojos mientras la tomaba.

No, pensó mientras se alejaba cabalgando, no volveré. Prefiero morir antes de ser de nuevo la puta de Harper Neeley.

LIBRO PRIMERO. Un final y un principio.



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