Ella negó con la cabeza.

– Necesitaba dejar una temporada el trabajo como secretaria de dirección, pero ya estoy preparada para volver.

– ¿Para volver a Mellor Engineering?

– No -respondió ella secamente-. La respuesta a su siguiente pregunta también es no. No me despidieron de repente -añadió ella a la defensiva.

Él la miró en silencio durante unos segundos interminables.

– Pero te fuiste de repente -adivinó con perspicacia-. ¿Podría saber por qué?

– ¡No! No tiene nada que ver con usted.

– ¿Tuviste… una ligera depresión?

– ¡No! -estalló ella.

Si hubieran estado en su casa, lo habría echado. Taryn contó hasta diez y se calmó.

– Estaba disgustada -concedió ella-, pero ahora estoy buscando un trabajo en el que pueda concentrarme.

– ¿Quieres una carrera profesional? -le preguntó él con delicadeza.

Sin embargo, Taryn tuvo la sensación de que aquellos ojos grises lo asimilaban todo y que a ese hombre, tan delicado en ese momento, no se le escapaba nada.

– Para mí, hacerme una carrera profesional es lo más importante, la primera prioridad.

– ¿Hay una segunda prioridad?

– Encontrar un sitio donde vivir.

– ¿Dónde vives cuando no estás aquí?

– En casa. En Londres.

– ¿Con tus padres?

– Mis padres están divorciados.

– ¿Vives con tu madre?

– ¿No va a dejar de hacerme preguntas?

Él sonrió sin alterarse y, para sorpresa de ella, empezó a explicárselo.

– Mi madre vive en África y yo vivo con mi padre y mi madrastra.

– ¡Ah!

– ¿Ah?

– ¿Debo suponer que tu madrastra es de las malvadas?

Ella volvió a arrugar los labios. ¿Qué tenía ese hombre que hacía que quisiera reírse aunque estuviera enfadada con él?

– ¿Y bien? -preguntó ella decidida a no sonreír.

– Que, aunque voy a dejar que tú te ocupes del segundo de los problemas, puedo ayudarte con el primero.



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