El abogado, que vivía con bastante menos de dos mil libras al año, guardó silencio.

El nuevo conde, que había estado bebiendo sin parar durante toda la reunión, se limitó a encogerse de hombros. Araminta se puso de pie.

– ¿Cuál es su decisión? -le preguntó el abogado.

– La acepto -contestó ella en voz baja.

– ¿Voy a buscar a la niña para decírselo?

Araminta negó con la cabeza.

– Se lo diré yo personalmente.

Pero cuando Araminta encontró a Sophie se calló unas cuantas cosas importantes.

Capítulo 1

La invitación más codiciada en la temporada de este año tiene que ser sin duda alguna la del baile de máscaras en la casa Bridgerton, que se celebrará el próximo lunes. En efecto, una no puede dar dos pasos sin verse obligada a escuchar a alguna mamá de la alta sociedad haciendo elucubraciones sobre quién asistirá y, tal vez lo más importante, quién se disfrazará de qué.

Sin embargo, ninguno de estos temas son ni de cerca tan interesantes como el de los dos hermanos Bridgerton solteros. (Antes que alguien señale que existe un tercer hermano Bridgerton soltero, permitid que esta cronista os asegure que conoce muy bien la existencia de Gregory Bridgerton. Pero sólo tiene catorce años, por lo tanto no corresponde hablar de él en esta determinada columna, la que trata, como suelen tratar las columnas de esta cronista, del más sagrado de los deportes: la caza de marido.)

Si bien los señores Bridgerton no poseen ningún título de nobleza, se los considera dos de los principales partidos de la temporada. Es un hecho bien sabido que ambos son dueños de respetables fortunas, y no hace falta ser muy observador para advertir que también poseen la belleza Bridgerton, como la poseen los ocho miembros de esta prole.

¿Aprovechará alguna damita el misterio de una noche de máscaras para cazar a uno de los cotizados solteros?



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