No recordaba nada de su vida anterior a su llegada a Penwood Park, pero sí recordaba un largo viaje en coche a través de Inglaterra, y recordaba a su abuela, terriblemente delgada, la que tosiendo y resollando le decía que iba a ir a vivir con su padre. Y más que cualquier otra cosa, recordaba el momento cuando estaba de pie ante la puerta bajo la lluvia, sabiendo que su abuela estaba escondida entre los arbustos, esperando para ver si la llevaban al interior de la casa.

El conde le puso los dedos bajo la barbilla a la pequeña y le levantó la cara hacia la luz, y en ese momento los dos supieron la verdad.

Todos sabían que Sophie era bastarda y nadie hablaba de eso, y todos estaban muy felices con ese arreglo.

Hasta que el conde decidió casarse.

Sophie se sintió muy contenta cuando se enteró de la noticia. El ama de llaves le dijo que el mayordomo había dicho que el secretario del conde había dicho que el conde pensaba pasar más tiempo en Penwood Park ahora que era un hombre de familia. Y aunque ella no echaba exactamente de menos al conde cuando no estaba, pues era difícil echar de menos a alguien que no le prestaba mucha atención ni siquiera cuando estaba ahí, se le ocurrió que tal vez podría echarlo de menos si llegaba a conocerlo mejor, y que si llegaba a conocerlo mejor tal vez él no se marcharía con tanta frecuencia. Además, la camarera de la planta superior le dijo que el ama de llaves había dicho que el mayordomo de los vecinos había dicho que la futura esposa del conde ya tenía dos hijas, de edades cercanas a la de ella.

Después de pasar siete años sola en la sala de los niños, a ella le encantó esa noticia. A diferencia de los demás niños del distrito, a ella jamás la invitaban a las fiestas ni a los eventos de la localidad. En realidad nunca nadie la insultaba llamándola bastarda; hacer eso habría equivalido a llamar mentiroso al conde, el que después de declarar que ella era su pupila y estaba bajo su custodia, jamás volvio a tocar el tema. Pero al mismo tiempo, el conde jamás hizo ningún gran esfuerzo por lograr que la aceptaran. Así pues, a sus diez años, sus mejores amigos eran las criadas y los lacayos, y sus padres bien podrían haber sido el ama de llaves y el mayordomo.



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