
– Bueno, habrá que hacer las pruebas de ADN -dijo con determinación.
– Por supuesto -contestó Dani, sosteniéndole la mirada-. Yo también quiero estar segura.
– Lo comprendo -dijo Mark mientras se levantaba-. Pero estoy seguro de que las pruebas confirmarán lo que ya sabemos. Y hasta que tengamos los resultados, Dani, me gustaría que fuéramos conociéndonos el uno al otro.
Dani esbozó una sonrisa esperanzada y aprensiva al mismo tiempo.
– Sí, a mí también. Podríamos salir a comer juntos o algo parecido.
– No conviene que os vean juntos en público.
Mark asintió.
– Sí, mi hijo tiene razón. Soy una figura pública. Si me vieran comiendo con una mujer joven y atractiva, la gente hablaría. Y estoy seguro de que ninguno de los dos queremos que pase nada parecido -pensó en qué otra posibilidad habría-. ¿Por qué no cenas en nuestra casa esta noche? Así conocerás al resto de la familia.
Dani se echó hacia atrás en el sofá.
– No creo que sea una buena idea -musitó-. Todavía no estoy preparada para una cosa así. Su mujer no sabe nada de mí y…
– Tonterías. Katherine es una mujer sorprendente. Estoy seguro de que lo comprenderá todo y te dará la bienvenida a la familia. Alex y Julie ya no viven en casa, pero todavía hay seis pequeños Canfield a los que querrás conocer -frunció el ceño-. En realidad, no son familia sanguínea. Todos nuestros hijos son adoptados, como probablemente ya sabes.
– Estuve investigando a la familia, sí -admitió Dani.
Y seguramente había descubierto que tenía mucho dinero, pensó Alex con cinismo.
– Podríais tener algunos encuentros aquí -propuso-, antes de llevar a Dani a casa.
