
Pero el senador ya había tomado una decisión y, cuando lo hacía, era difícil que diera marcha atrás.
– No, lo de la cena será mejor, Dani. De esa forma, podrías comprender cuanto antes el caos en el que estás a punto de meterte. Además, estoy seguro de que a Katherine le encantará conocerte -miró el reloj-. Tengo una reunión a la que no puedo llegar tarde. Alex, dale a Dani la dirección de casa. ¿Quedamos a las seis?
Alex asintió.
– ¿Se lo vas a contar tú a mamá o debería contárselo yo?
Mark consideró la pregunta.
– Se lo contaré yo. Procuraré llegar antes de lo normal -le sonrió a Dani-. Te veré esta noche entonces.
– Eh…, sí, claro -contestó Dani con la voz ligeramente temblorosa.
Mark salió del despacho.
Dani se aferró entonces a su bolso con tanta fuerza que sus nudillos palidecieron.
– Voy a conocer a toda la familia… No me esperaba algo así.
No, seguramente pretendía engañar a Mark sin necesidad de tener que enfrentarse al resto de sus hijos, pensó Alex malhumorado.
Dani se volvió hacia él.
– ¿No crees que todo esto podría molestar a tu madre? -cerró los ojos un instante y después los abrió-. Qué pregunta tan estúpida. Seguro que le molestará. Sé que no estaban juntos cuando tu padre estaba saliendo con mi madre, pero aun así… No creo que sea fácil de aceptar que tu pareja tiene un hijo del que hasta entonces tú no sabías nada.
– Un poco tarde para ese tipo de reflexiones, ¿no crees?
Dani inclinó la cabeza.
– No te gusto.
– Me temo que no te gustaría saber lo que pienso de ti.
Para sorpresa de Mark, Dani esbozó una sonrisa.
– Oh, me lo imagino perfectamente.
– No creo.
Alex no conseguía asustarla, algo que le irritaba. Estaba acostumbrado a que la gente le considerara una persona intimidante.
– ¿Cuándo podré hacerme la prueba de ADN? -le preguntó Dani-. Porque supongo que querrás ser tú el que contrate el laboratorio.
