
– De esa forma es más fácil para todo el mundo. Al fin y al cabo, ése es nuestro ámbito de trabajo.
– Pero ahora no estás trabajando.
Alex fijó la mirada en su rostro.
– De esa forma las cosas son más fáciles para todos -repitió.
¿Por qué?, se preguntó Dani.
– ¿Es una forma de mostrar tu respeto o de asegurarte de que nadie te vea como el niño de papá?
Alex arqueó una ceja, pero no dijo nada. Al parecer, Dani no iba a recibir otra respuesta.
– ¿Te ha molestado la pregunta? -le preguntó-. Yo creo que en realidad lo haces por las dos cosas. Al fin y al cabo, tu padre quiere optar a la presidencia del país -algo que ella todavía no estaba en condiciones de asimilar-, pero a un nivel más personal, estoy segura de que odiarías que la gente pensara que ocupas el puesto que ocupas por la relación que tienes con tu padre y no por tus propios méritos.
– ¿Y tú cómo lo sabes?
– Tengo una gran intuición. ¿Me equivoco?
– ¿Quieres tomar algo?
Dani sonrió.
– No te gusta que hagan preguntas, ¿verdad? Muy propio de un abogado. Os gusta hacer preguntas, pero no contestarlas. No pasa nada. Si ahora te dedicas solamente a la campaña, ¿has pedido una excedencia en el trabajo o algo así?
– Algo así -contestó con desgana-. Si el senador decide optar a la presidencia, me sumaré a su campaña.
– Todo esto de la política es completamente nuevo para mí. Voto, pero eso es todo. De vez en cuando veo algún debate por televisión, pero no le presto mucha atención.
– Los procesos democráticos no son para los tímidos -dijo Alex-. Optar a la presidencia del país no es una decisión que se pueda tomar a la ligera. Y un buen escándalo destrozaría la reputación de un hombre honrado durante el resto de su vida.
– No quiero hacerle ningún daño a nadie -se vio obligada a responder Dani.
