Pero antes de que Dani hubiera podido dar un paso, Alex se colocó frente a ella.

– No, no puedes hacer una cosa así. No puedes quedarte a solas con ella. ¿Cómo sabes que no tiene nada que ver con la prensa o con la oposición? Todo esto podría ser un montaje.

El senador desvió la mirada de Alex a Dani.

– ¿Esto es un montaje?

– No, tengo aquí el carné de conducir, si quiere investigarme -lo último lo dijo mirando a Alex.

– Yo lo haré -respondió Alex tendiéndole la mano para que le pasara el carné.

– ¿Pretendes que te dé información personal sobre mí en este momento? -preguntó Dani, sin estar muy segura de si debería dejarse impresionar por su eficacia o si debería darle una patada en la espinilla.

– Pretendes hablar con el senador. Considéralo como una medida de seguridad.

– No creo que sea necesario -intervino Mark intentando templar los ánimos, pero no detuvo a Alex.

Dani metió la mano en el bolso, sacó la cartera y le tendió después su carné de conducir.

– Supongo que no llevarás el pasaporte encima -dijo Alex.

– No, pero a lo mejor quieres tomarme las huellas dactilares.

– Eso lo dejo para después.

Y Dani tuvo la impresión de que no estaba bromeando.

Mark volvió a mirarlos alternativamente.

– ¿Habéis terminado?

Dani se encogió de hombros.

– Pregúntele a él.

Alex asintió.

– Me reuniré contigo en cuanto consiga que la gente de TI se ocupe de esto -blandió el carné de Dani.

– ¿La gente de TI? -preguntó Dani mientras seguía al senador a su despacho.

– Sí, los de Tecnología Informática. Te sorprendería lo que son capaces de hacer con un ordenador -el senador sonrió y cerró la puerta en cuanto entró Dani-. O a lo mejor no. Es probable que también tú sepas mucho de informática. Ojalá pudiera yo decir lo mismo de mí. Puedo arreglármelas más o menos, pero todavía tengo que llamar a Alex de vez en cuando para que me resuelva algún problema.



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