¡Ay! juguemos, hijo mío,a la reina con el rey!Este verde campo es tuyo.¿De quién más podría ser?Las oleadas de la alfalfapara ti se han de mecer.Este valle es todo tuyo.¿De quién más podría ser?Para que los disfrutemoslos pomares se hacen miel.(¡Ay! ¡No es cierto que tiritascomo el Niño de Belény que el seno de tu madrese secó de padecer!)El cordero está espesandoel vellón que he de tejer,y son tuyas las majadas.¿De quién más podrían ser?Y la leche del establoque en la ubre ha de correr,y el manojo de las mieses¿de quién más podrían ser?(¡Ay! ¡No es cierto que tiritascomo el Niño de Belény que el seno de tu madrese secó de padecer!)– ¡Sí! ¡Juguemos, hijo mío,a la reina con el rey!
EL ESTABLO
Al llegar la medianochey al romper en llanto el Niño,las cien bestias despertarony el establo se hizo vivo.Y se fueron acercando,y alargaron hasta el Niñolos cien cuellos anhelantescomo un bosque sacudido.Bajó un buey su aliento al rostroy se lo exhaló sin ruido,y sus ojos fueron tiernoscomo llenos de rocío.Una oveja lo frotaba,contra su vellón suavísimo,y las manos le lamían,en cuclillas, dos cabritos…Las paredes del establo