se cubrieron sin sentirlo de faisanes, y de ocas, y de gallos, y de mirlos. Los faisanes descendieron y pasaban sobre el Niño la gran cola de colores; y las ocas de anchos picos, arreglábanle las pajas; y el enjambre de los mirlos era un velo palpitante sobre del recién nacido… Y la Virgen, entre cuernos y resuellos blanquecinos, trastrocada iba y veía sin poder tomar al Niño. Y José llegaba riendo acudir a la sin tino. Y era como bosque al viento el establo conmovido…

NIÑO CHIQUITO

A Fernanda de Castro.

Absurdo de la noche, burlador mío, si-es no-es de este mundo, niño dormido. Aliento angosto y ancho que oigo y no miro, almeja de la noche que llamo hijo. Filo de lindo vuelo, filo de silbo, filo de larga estrella, niño dormido. A cada hora que duermes, más ligerito. Pasada medianoche, ya apenas niño. Espesa losa, vigas pesadas, lino áspero, canto duro, sobre mi hijo. Aire insensato, estrellas hirvientes, río terco, porfiado búho, sobre mi hijo. En la noche tan grande, tan poco niño, tan poca prueba y seña, tan poco signo. Vergüenza tánta noche y tánto río, y "tánta madre tuya", niño dormido… Achicarse la Tierra


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