La Contra-Madre del Mundo, la Convida-gentes, por las playas y las rutas no halle al inocente. El nombre de su bautismo – la flor con que crece-, lo olvide la memoriosa, lo pierda, la Muerte. De vientos, de sal y arenas, se vuelva demente, y trueque, la desvariada, el Oeste, y el Este. Niño y madre los confunda lo mismo que peces, y en el día y en la hora a mí sola encuentre.

NIÑO MEXICANO

Estoy en donde no estoy, en el Anáhuac plateado, y en su luz como no hay otra peino un niño de mis manos. En mis rodillas parece flecha caído del arco, y como flecha lo afilo meciéndolo y canturreando. En luz tan vieja y tan niña siempre me parece hallazgo, y lo mudo y lo volteo con el refrán que le canto. Me miran con vida eterna sus ojos negri-azulados, y como en costumbre eterna, yo lo peino en mis manos. Resinas de pino-ocote van de su nuca a mis brazos, y es pesado y es ligero de ser la flecha sin arco… Lo alimento con un ritmo, y él me nutre de algún bálsamo que es el bálsamo del maya del que a mí me despojaron. Yo juego con sus cabellos y los abro y los repaso, y en sus cabellos recobro a los mayas dispersados. Hace doce años dejé a mi niño mexicano; pero despierta o dormida yo lo peino de mis manos… ¡Es una maternidad


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