
La encantadora Holly, su cuerpo maravilloso. Corregído y escaneado por Consuelo Sus ojos azul zafiro, su increíble inteligencia, su risa profunda…
Pero ahora no se reía. En su rostro había una expresión triste y preocupada. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho. Parecía cansada y muy, muy enfadada. Entonces lo miró a los ojos y Andreas sintió una especie de sacudida. Como si estuviera a punto de estallar una tempestad.
– Holly -dijo, y quizá lo hizo con ternura antes de poder controlarse, pero hasta ahí llegó la ternura.
– ¿Cómo te atreves? -replicó ella al tiempo que se ponía en pie y salía al pasillo del avión.
– Quería verte.
– Ya me estás viendo. Esos matones tuyos me metieron a rastras en un helicóptero sin darme ninguna explicación. Ellos son unos matones y tú un estúpido y un cobarde por mandar a cuatro hombres a secuestrar a una mujer indefensa.
– Tú no eres una mujer indefensa -respondió Andreas dando un paso hacia ella-. Mordiste a Maris -añadió con una leve sonrisa.
– Ojalá lo hubiera mordido con más fuerza.
Le lanzó una mirada que se clavó en el corazón de Andreas.
– ¿Por qué me has traído hasta aquí? -preguntó ella después de un breve silencio.
– Tenemos cosas que hablar.
– Podrías haberme llamado.
– No habría sido una buena idea -contestó Andreas y dio un paso más hacia ella, pero quizá fue un error.
Holly levantó la mano y le dio una bofetada con tanta fuerza que el ruido hizo eco en toda la cabina del avión. Andreas se quedó boquiabierto y su primer impulso fue agarrarla de la muñeca.
– No me toques -espetó ella y le dio una patada en la pierna.
– ¿Sabes lo que puede pasarte por agredir a un miembro de la realeza? -le preguntó, asombrado, mientras se alejaba para que no pudiera hacerlo más.
