Andreas la agarró y le puso la mano en la boca. Ella le pegó un codazo en las costillas y siguió gritando. La apretó con más fuerza. Ella le mordió.

Andreas farfulló una maldición antes de ir a cerrar la puerta para tener un poco más de privacidad. Lo hizo justo a tiempo, porque Holly había abierto la boca para gritar de nuevo.

– Yo que tú no me molestaría -le dijo mientras miraba con incredulidad la marca que le había dejado en la mano-. Nadie podrá oírte.

– Iré a la policía. Al consulado. No puedes hacer esto.

– Esto es Aristo y yo soy príncipe -respondió él-. Puedo hacer lo que quiera.

– No, conmigo no.

Entonces volvió Georgios y miró a su jefe con asombro.

– Está sangrando.

– Espero que agarre la rabia y se muera -dijo Holly entre dientes.

– No me extrañaría, habiéndole mordido una loca…

– Déjalo -lo interrumpió Andreas-. Vas a tener que llevarla a Eueilos.

– Señor, está descontrolada -se apresuró a decir Georgios-. En Eueilos no hay nadie, excepto Sophia y Nikos, y son demasiado mayores para defenderse.

– Les diré que guarden bajo llave las armas de fuego -dijo Andreas con sequedad-. Ella no le hará daño a una pareja de ancianos que no tiene nada que ver con todo esto, y es imposible que se escape de la isla -miró la hora-. Tengo que irme. Debo comparecer en el Parlamento dentro de una hora,y los periodistas harán muchas preguntas si no aparezco.

– Muy bien -murmuró Georgios con algo parecido a una sonrisa-. Pero, ¿podremos mantenerlo en secreto?

– No voy a permitirlo -intervino Holly con furia-. Andreas, ¿qué demonios crees que estás haciendo?

¿Qué estaba haciendo? Andreas pensó en el informe que tenía sobre la mesa de su despacho y apretó los dientes. Aquella mujer estaba poniéndolo todo en peligro por culpa de un secreto que debería haberle contado…

Pero Holly estaba histérica.

– Estoy protegiendo lo mío -dijo él por fin-. No tengo ni idea de lo que te ocurrió después de que yo me fuera de Australia, pero está poniendo en peligro a este país. Siento que hayamos llegado a esto, Holly, pero quiero la verdad. Te van a llevar a Eueilos y esperarás allí hasta que yo lo decida. Hablaremos cuando esté preparado para hacerlo.



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