
– Sí -dijo, y cerró los ojos.
– Entonces aquella última vez.
– No estaba segura -se apresuró a matizar-. Allí no es fácil comprar un test de embarazo, pero tenía mis sospechas.
– Entonces ¿por qué…?
– Porque estabas prometido -le recordó pronunciando cada sílaba como si hablara con un niño-. Andreas, no quiero hablar de esto. Dime, ¿qué habrías hecho si hubieras descubierto que estaba embarazada?
– Casarme contigo.
Lo dijo con tanta seguridad que la hizo parpadear, pero luego esbozó una triste sonrisa y negó con la cabeza.
– No. Es una fantasía. Hablamos sobre eso, ¿te acuerdas? Corregido y escaneado por Consuelo Dijimos que nos queríamos mucho y que queríamos estar juntos para siempre, que tú me llevarías a Aristo y me convertiría en princesa. Que mis padres podrían arreglárselas sin mí y tu padre acabaría perdonándote. El problema es que ya había una princesa, Andreas. Christina te esperaba y se suponía que tu matrimonio con ella serviría para fortalecer las relaciones internacionales. Hablabas de desobedecer a tu padre, pero jamás dijiste que pudieras romper el compromiso con Christina.
– Nos habían prometido desde niños -se defendió, aunque sabía que era un argumento muy endeble.
Lo había sido entonces y seguía siéndolo. Holly nunca había entendido cómo funcionaban aquellos matrimonios; no comprendía que Christina, que era cinco años mayor que él, había sido educada desde niña para convertirse en su esposa. Jamás habría mirado a otro hombre. Si le hubiera dicho a los veinticinco años que no tenía intención de casarse con ella, la habría destrozado y además habría provocado un cataclismo político.
Andreas tenía una obligación que cumplir,siempre lo había sabido. Y Holly lo sabía también.
La vio estremecerse y, antes que tuviera tiempo de hacerlo ella, Andreas le echó la toalla por a de los hombros.
