

Harlan Coben
Tiempo muerto
Myron Bolitar 3
Para Larry y Craig,
los hermanos más fabulosos que un
chico podría tener jamás.
Si no me creen, pregúntenselo a ellos
1
– Pórtate bien.
– ¿Yo? -dijo Myron-. Siempre soy un encanto.
Calvin Johnson, el nuevo director general de los New Jersey Dragons, precedía a Myron Bolitar por el pasillo de la pista de Meadowlands, ahora a oscuras. Sus pasos resonaban sobre las baldosas y despertaban ecos en los puestos de comida de la cadena Harry M. Stevens, los carritos de las heladerías Carvel, los dispensadores de galletitas saladas y los quioscos de recuerdos, todos desiertos. El olor a perrito caliente (aquel olor a plástico y química, pero tan delicioso) impregnaba las paredes. La quietud del lugar era desesperante. No hay nada más deshabitado y carente de vida que un estadio deportivo vacío.
Calvin Johnson se detuvo delante de una puerta que daba acceso a la tribuna cubierta.
– Esto tal vez te parezca un poco extraño -dijo-. Limítate a seguirle la corriente, ¿de acuerdo?
– De acuerdo.
Calvin puso una mano sobre el pomo y respiró hondo.
– Clip Arnstein, el propietario de los Dragons, nos espera dentro -anunció.
– Y sin embargo no tiemblo -apostilló Myron.
Calvin Johnson meneó la cabeza.
– No te pases de listo.
Myron se señaló el pecho.
– Llevo corbata y todo.
Calvin Johnson abrió la puerta. La tribuna daba al centro del recinto. Los encargados de mantenimiento estaban montando la pista de baloncesto sobre la superficie de hielo utilizada para practicar hockey.
