
– Espero que te vaya bien -dijo Calvin.
– ¿Por qué no me iba a ir bien?
Calvin se encogió de hombros.
– He jugado contra ti -dijo.
– ¿Y qué?
– Jamás he topado con un hijo de puta más competitivo que tú. liras capaz de pisotear la cabeza de cualquiera con tal de ganar. Ahora sólo vas a calentar el banquillo. ¿Cómo te sentará eso?
– Podré superarlo -contestó Myron.
– Ya.
– Me he vuelto más tolerante.
Calvin meneó la cabeza.
– No lo creo.
– ¿No?
– Quizá pienses que te has ablandado. Hasta es posible que creas que puedes prescindir por completo del baloncesto.
– Y así es.
Calvin se detuvo, sonrió, abrió los brazos.
– Pues claro. Basta con mirarte. Podrías posar como modelo del deportista retirado. Un estupendo ejemplo para tus colegas. Tu carrera quedó hecha añicos pero supiste superarlo. Volviste a la universidad, a la Facultad de Derecho de Harvard, nada menos. Fundaste tu propio negocio, una empresa de representación de deportistas. ¿Aún sales con aquella escritora?
Se refería a Jessica. Siempre daban la impresión de formar una pareja sin futuro.
– Sí -contestó Myron.
– De modo que conseguiste la carrera, el trabajo y la tía buena. Sí, de puertas afuera eres feliz y estás bien adaptado.
– Y de puertas adentro también.
Calvin negó con la cabeza.
– No lo creo.
– Oye -dijo Myron, mosqueado-, yo no pedí que me metieran en el equipo.
– No, pero tampoco te opusiste demasiado…, excepto para aumentar el precio.
– Soy agente, y mi trabajo consiste en aumentar el precio.
Calvin se detuvo y lo observó.
– ¿De veras crees que es necesario entrar en el equipo para encontrar a Greg?
– Eso parece pensar Clip.
– Clip es un gran hombre, pero a menudo tiene motivos ocultos.
