– Deberías escribir canciones country -apuntó Myron.

Calvin meneó la cabeza.

– Sólo pretendía dar un buen consejo a un buen amigo.

– Muy agradecido. ¿Por qué no me cuentas lo que sabes acerca de la desaparición de Greg?

El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron. Calvin salió el primero.

– No hay mucho que decir -repuso-. Jugamos contra los Sixers en Filadelfia. Después del partido, Greg subió al autocar con todos los demás. Cuando llegamos aquí, bajó del autocar con todos los demás. La última vez que lo vieron estaba subiendo a su coche, solo. Eso es todo.

– ¿Cómo estuvo Greg aquella noche?

– Jugó bien. Consiguió veintisiete puntos.

– ¿Y su estado de ánimo?

Calvin reflexionó por un instante.

– No observé nada especial -contestó.

– ¿Alguna novedad en su vida?

– ¿Novedad?

– Cambios, ya sabes.

– Bien, el divorcio. Ha sido bastante… problemático. Tengo entendido que Emily puede ponerse muy difícil cuando quiere. -Calvin se detuvo y dirigió a Myron su sonrisa de gato de Cheshire.

– ¿Tienes algo en mente, Témpano? -le preguntó Myron sin devolverle la sonrisa.

– ¿Emily y tú no estuvisteis enrollados durante un tiempo? -dijo Calvin.

– Hace mucho de eso.

– Fuisteis novios en la universidad, si no recuerdo mal.

– Como ya te he dicho, de eso hace mucho.

– Bien. -Calvin se puso a andar de nuevo-. Con las mujeres eras todavía mejor que Greg.

Myron hizo caso omiso del comentario.

– ¿Clip está enterado de mi, digamos, pasado con Emily?

– Es muy minucioso.

– Eso explica por qué me ha elegido.

– Es posible que lo tuviera en cuenta, pero no creo que sea un dato relevante.

– ¿No?



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