
– Greg odia a Emily. Nunca confió en ella. Sin embargo, desde que empezó la batalla por la custodia, se produjo un cambio en Greg.
– ¿Por qué lo dices?
– Primero, porque firmó un contrato para anunciar calzado deportivo de la marca Forte.
– ¿Greg? ¿Un contrato publicitario? -preguntó Myron, sorprendido.
– Es muy secreto. Lo anunciarán a final de mes, justo antes de los play off.
Myron lanzó un silbido.
– Le habrán pagado una buena suma.
– Y que lo digas. Más de diez millones al año.
– Tiene sentido -apuntó Myron-. Es un jugador enormemente popular que se ha negado a hacer publicidad de cualquier tipo durante más de una década. Es una oferta irresistible. A Forte le va muy bien con las zapatillas de atletismo y las de tenis, pero es poco conocido en el mundo del baloncesto. Greg les proporciona una credibilidad instantánea.
– En efecto -admitió Calvin.
– ¿Tienes idea de por qué cambió de opinión después de tantos años?
Calvin se encogió de hombros.
– Tal vez cayó en la cuenta de que se estaba haciendo mayor y quiso asegurarse el porvenir. Quizás el motivo fuese el divorcio. Tal vez recibió un golpe en la cabeza y despertó con un ápice de sensatez.
– ¿Adónde fue a vivir después del divorcio?
– A la casa que tiene en Ridgewood, en el condado de Bergen.
Myron conocía bien la zona. Calvin le proporcionó la dirección a petición suya.
– ¿Dónde vive Emily? -quiso saber a continuación.
– Se fue a vivir con los niños a casa de su madre, creo que en Franklin Lakes o cerca de allí.
– ¿Habéis llevado a cabo alguna investigación? Ya sabes, tarjetas de crédito, cuentas bancarias, esa clase de cosas.
Calvin negó con la cabeza.
– Clip pensó que el asunto era demasiado complejo para confiárselo a una agencia de detectives. Por eso te llamamos. He pasado por delante de la casa de Greg en varias ocasiones; en una de ellas llamé a la puerta. No vi el coche en el sendero de acceso ni en el garaje. Las luces estaban apagadas.
