– Yo siempre me llevé bien con él.

– Era un macarra de poca monta. Quien lo mató hizo un favor al mundo.

– Supongo que tienes razón.


Saqué el sobre de debajo de la alfombra. La cinta adhesiva no quiso despegarse, así que cogí mi navaja del cajón y abrí el sobre por el pliegue. Entonces me senté al borde de la cama con el sobre en la mano durante unos minutos.

Realmente no quería saber lo que había dentro.

Al cabo de un rato, lo abrí y pasé las siguientes tres horas en mi habitación revisando el contenido. Esas tres horas contestaron mis preguntas, pero no tantas como las que hacía. Finalmente, volví a meter todo en el sobre y lo devolví a su sitio debajo de la alfombra.

La poli podía barrer a Giros Jablon para debajo de la alfombra y eso era lo que yo quería hacer con su sobre. Había muchas cosas que yo podía hacer, pero lo que más quería era no hacer nada en absoluto; así, hasta que mis opiniones tuvieran tiempo para organizarse en mi cabeza, el sobre podría quedarse en su escondite.

Me estiré en la cama con un libro, pero después de pasar unas cuantas páginas, me di cuenta de que estaba leyendo sin prestar atención. Y mi pequeña habitación empezaba a parecer más pequeña que nunca. Salí y paseé durante un rato y luego entré en unos cuantos sitios y tomé unas copas. Empecé en La Jaula de Polly, al otro lado de la calle del hotel, luego Kilcullen's, luego en el Spiro y el Antares. En algún momento de la noche paré en un bar a comprar un par de sándwiches. Acabé en Armstrong's, y todavía estaba allí cuando Trina acabó su turno. Le dije que se sentara, que la invitaba a una copa.

– Bueno, pero sólo una, Matt. Tengo cosas que hacer y gente que ver.

– Yo también, pero no quiero ni hacer las cosas ni ver a la gente.

– Puede que estés un poquito borracho.

– No es imposible.

– Fui a la barra a coger nuestras copas. Bourbon solo para mí, vodka y tónica para ella. Volví a la mesa y ella levantó su copa.

Dijo:

– ¿Por el crimen?

– ¿De verdad que sólo tienes tiempo para una?

– Ni siquiera tengo tiempo para una, pero una es el límite.

– Entonces no brindemos por el crimen. Brindemos por los amigos ausentes.




12 из 133