
– Te obsesionan la seguridad y la estabilidad, ¿verdad?
– Me obsesiona tener miedo a arriesgarme -afirmó ella, y tomo otro sorbo de champán con el tenedor para ostras en la mano-. No quiero seguir trabajando día tras día con papeles en vez de con personas. Sin aire fresco, sin sol, sin desafío, sin… riesgo. La vida vista a través de una ventana.
La ostra se deslizó por su lengua y se quedó allí.
Él habló en el mismo tono.
– Escúpela en la servilleta, preciosa. Nadie mira. Y me daría igual si lo hicieran.
Ella alzó la impoluta servilleta blanca hasta sus labios y fingió una delicada tos. Muy consciente de la mirada de Clay, tomó un largo sorbo de champán y jugueteó con el tenedor. Por último, apoyó la barbilla en las manos y le miró.
– Maldición -susurró pesarosa.
La risa de él fue muy baja y muy sexy.
– Deseaba que me gustaran. Sólo quería probar algo nuevo, Clay
– Sí, y por eso exactamente te he traído aquí, Elizabeth Brady. Para que pudieras probar las ostras y para que te pusieras tonta con el champán si querías -dijo él en voz baja. Algo cambió en sus ojos. La mirada de amante empezó a transformarse. La expresión de su rostro se tornó sombría-. Necesitas divertirte, Liz. Todos lo necesitamos, sobre todo después de que la vida nos dé un golpe. Puede que todavía no estés preparada para otro matrimonio, ni siquiera para buscar una relación seria con el hombre adecuado. Pero salir a cenar, coquetear un poco; algo de champán, un bailecito… No sólo es divertido; es la mejor cura que conozco para librarte de la depresión… Cuando no arriesgas nada -añadió deliberadamente.
A pesar de todo el champán, Liz sintió la garganta repentinamente seca.
– Nadie te va a hacer daño si estás conmigo, Liz, y los dos sabemos que entre nosotros no puede existir una relación seria.
Lo dijo como si la idea fuera risible. Un jarrón Ming en pleno terremoto no se habría sentido más perecedero y frágil que Liz en aquel momento. Lo había malinterpretado todo arrastrada por sus deseos y esperanzas. Él había salido con una vieja amiga, no con una mujer. Clay se negaba 