– Ya estás aquí, muchacho. Estaba preguntándome si tendría que volver sin noticias, y considerando qué podría inventar para guardarme las espaldas.

Gyles cruzó en dirección al aparador de los licores.

– Creo que puedo exonerar de esa carga a su imaginación. Espero a Waring en breve.

– ¿Ese nuevo hombre de confianza tuyo?

Gyles asintió. Copa en mano, se dirigió a su sillón favorito y se hundió en su comodidad del cuero acolchado.

– Ha estado haciendo averiguaciones sobre cierto asuntillo por cuenta mía.

– ¿Ah, sí? ¿Qué asunto?

– Con quién habría de casarme.

Horace le clavó la mirada y se enderezó.

– ¡Por todos los demonios! Lo dices en serio.

– El matrimonio no es un asunto sobre el que bromearía.

– Me alegra oírlo. -Horace le dio un buen trago a su coñac-. Henni dijo que estarías tomando iniciativas en ese sentido, pero yo no pensaba que lo hicieras, la verdad. Bueno, aún no.

Gyles disimuló una sonrisa irónica. Horace había sido su tutor desde la muerte de su padre, ocurrida cuando él tenía siete años, de manera que fue Horace quien lo guió a lo largo de la adolescencia y juventud. A pesar de lo cual, todavía era capaz de sorprender a su tío. Su tía Henrietta -Henni para los íntimos- era otra cosa: parecía conocer intuitivamente lo que tuviera en mente sobre cualquier asunto de importancia, aunque él estuviera aquí en Londres y ella residiera en su mansión de Berkshire. En cuanto a su madre, también en el castillo de Lambourn, hacía tiempo que tenía que agradecerle que se guardara sus percepciones para sí.

– El matrimonio no es algo que pueda eludir, precisamente.

– Eso es cierto -concedió Horace-. Que fuera Osbert el próximo conde sería difícilmente tolerable para cualquiera de nosotros. Cualquiera menos Osbert.

– Eso me cuenta la tía abuela Millicent regularmente. -Gyles apuntó hacia el amplio escritorio que había al fondo de la estancia-. ¿Ve aquella carta, la gruesa? Será otra misiva instándome a cumplir con mi deber para con la familia, elegir una muchachita apropiada y casarme a la mayor brevedad. Llega una carta por el estilo sin falta todas las semanas.



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