Él no iba a casarse por amor. Como llevaba años asegurándole a Diablo, ése no sería nunca su destino.

Todo varón Cynster parecía sucumbir inexorablemente, echando por la borda historiales de calavera de proporciones legendarias, ante el amor y en los brazos de una dama singular. Seis habían formado el grupo conocido popularmente como el clan Cynster, y ahora estaban todos ellos casados, y todos consagrados exclusiva y devotamente a sus mujeres y sus cada vez mayores familias. Si halló en su interior una chispa de envidia, se aseguró de enterrarla en lo más profundo. El precio que ellos habían pagado, él no podía permitírselo.

Horace soltó un bufido.

– Los emparejamientos por amor son el fuerte de los Cynster. Parecen causar sensación hoy en día, pero créeme: una boda concertada tiene mucho en su favor.

– Así lo veo yo exactamente. A principios de verano, encomendé a Waring la labor de investigar a todas las posibles candidatas para determinar cuáles, si había alguna, tenían propiedades en herencia que aportar que engrandecieran materialmente el condado.

– ¿Propiedades?

– Si no se casa uno por amor, bien puede casarse por alguna otra razón. -Y él había querido un motivo para su elección, para que la dama a la que finalmente se propusiera no se hiciera ilusiones al respecto de lo que le había llevado a dejar caer el pañuelo en su regazo-. Mis instrucciones fueron que mi futura condesa había de ser suficientemente distinguida, dócil y dotada de un físico cuando menos pasablemente agraciado, buen porte y maneras. -Una dama que pudiera alzarse a su lado sin hacerse notar en lo más mínimo; una distinguida figura decorativa que le diera hijos sin apenas perturbar su estilo de vida.

Gyles dio un sorbo a su copa.

– Ya de paso, le pedí también a Waring que averiguara quién es actualmente el propietario de la heredad Gatting.

Horace asintió comprensivamente. En otros tiempos la heredad Gatting había formado parte de la hacienda Lambourn. Sin ella, las tierras del condado parecían una tarta a la que faltara una porción; recuperar la heredad Gatting había sido una ambición del padre de Gyles, y antes lo fue de su abuelo.



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