Alzó la vista y se percató de que estaba caminando sin rumbo por el centro de Florencia, en medio de la Piazza della Signoria. No recordaba la última vez que había estado solo. Caminó por los adoquines en dirección al Rivoire y consiguió una mesa bajo el toldo. Un camarero se dispuso a tomar nota de su pedido. Habida cuenta de su resaca, tendría que haber pedido soda, pero él rara vez hacía lo que se suponía que tenía que hacer, así que pidió una botella del mejor Brunello. El camarero tardó demasiado en traerla, por lo que Ren le increpó cuando por fin lo hizo. Su mal humor era fruto de la falta de sueño, de haber bebido y del hecho de que estaba completamente agotado. Era consecuencia de la triste muerte de Karli, y de un sentimiento general respecto a que su dinero y su fama no eran suficientes. Se sentía hastiado, inquieto, y quería más. Más fama. Más dinero. Más… lo que fuese.

Se recordó que su siguiente película le proporcionaría todo eso. Cualquier actor desearía interpretar el papel del villano Kaspar Street, pero se lo habían ofrecido a Ren Gage. Era el papel capaz de darle lustre a toda una carrera, la oportunidad de convertirse en uno de los grandes.

Lentamente, sus músculos se fueron destensando. Asesinato en la noche requeriría meses de duro trabajo. Hasta que diese comienzo el rodaje intentaría disfrutar de Italia. Se relajaría, comería bien y haría aquello que mejor se le daba. Se repantigó en la silla, bebió un sorbo de vino y esperó a que la vida le entretuviese.


Cuando Isabel observó la cúpula rosa y verde del Duomo recortada contra el cielo nocturno, se dijo que la imagen más famosa de Florencia parecía más chillona que imponente. No le gustaba la ciudad. Incluso por la noche estaba atestada de gente y era bulliciosa. Italia tal vez gozase de una merecida tradición como lugar al que acudían para curarse mujeres aquejadas de cuitas sentimentales, pero, para ella, salir de Nueva York había sido un terrible error.



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