
Alguien la empujó y ella trastabilló. Se hizo un claro en la multitud, y la neoyorquina que llevaba dentro dejó de sentirse segura, así que se encaminó por la Via dei Calzaiuoli hacia la Piazza della Signoria. Mientras caminaba, se dijo que había tomado la decisión adecuada. Sólo romper de forma clara con lo conocido podía aclarar su mente lo suficiente como para poder controlar los sentimientos que le llevaban a desear llorar desconsoladamente. Después de un tiempo, estaría en disposición de seguir adelante.
Había trazado un plan muy concreto de cómo daría comienzo a la reinvención de su propia vida. Soledad. Descanso. Contemplación. Acción. Cuatro partes, como las Cuatro Piedras Angulares.
«¿Has actuado alguna vez de forma impulsiva? -le había dicho Michael-. ¿Tienes que planificarlo todo?»
Habían pasado poco más de tres meses desde que Michael la había dejado por otra mujer, pero su voz resonaba en su conciencia tan a menudo que a duras penas podía pensar. Hacía un mes lo había visto fugazmente en Central Park con el brazo por encima del hombro de una mujer embarazada de aspecto desaliñado, e incluso a veinte metros de distancia Isabel había oído sus risas, un poco ridículas, casi estúpidas. Durante todo el tiempo que habían pasado juntos, nunca se comportaron de forma estúpida. Isabel temía ahora haber olvidado cómo hacerlo.
La Piazza della Signoria estaba tan abarrotada de gente como el resto de Florencia. Los turistas se arremolinaban alrededor de las estatuas, y un par de músicos rasgueaban sus guitarras cerca de la fuente de Neptuno. El intimidante Palazzo Vecchio, con su almenada torre del reloj y los estandartes medievales, se alzaba sobre el bullicio nocturno tal como venía haciéndolo desde el siglo XIV.
Aquellos zapatos de piel, por los que había pagado trescientos dólares el año anterior, la estaban matando, pero la idea de regresar al hotel le resultaba demasiado deprimente. Vio los toldos de color beige y marrón del Rivoire, un café incluido en su guía de viaje, y se abrió paso entre un grupo de turistas alemanes para hacerse con una mesa.
