Bien, ella iba a permitir que le acariciase los pezones. Sí, tal como estaba haciendo ahora. Era muy habilidoso… se tomaba su tiempo. Quizás ella y Michael se apresuraban demasiado en llegar al final, pero ¿qué otra cosa podía esperarse de dos adictos a los resultados?

Dante parecía disfrutar acariciándole los pechos, lo cual no estaba nada mal. Michael había disfrutado de ellos, pero Dante parecía todo un experto en la materia.

La apartó de la ventana, la llevó hacia la cama y le alzó el jersey. Antes de eso, sólo había podido tocarle los pechos. Ahora también podía verlos, y a ella le pareció una especie de intrusión en su intimidad, pero no se bajó el jersey, pues eso hubiese confirmado la opinión de Michael.

Él le acarició los pechos, y después inclinó la cabeza y se introdujo un pezón en la boca. El cuerpo de Isabel empezó a soltar amarras.

Sintió que los pantalones se deslizaban por sus caderas. Ella era de las que colaboran, por lo que se sacó los zapatos. Él dio un paso atrás para quitarle el jersey y también el sujetador. Era un mago en lo que a ropa femenina se refería. Nada de movimientos torpes o inútiles, todo perfecto y acompañado por los incomprensibles comentarios en italiano susurrados al oído.

Isabel estaba de pie frente a él, con sus braguitas de encaje beige y el brazalete de oro en una muñeca. Él se quitó los zapatos y los calcetines – de un modo armónico- y desabotonó su camisa de seda negra con lentos y expertos movimientos, propios de un stripper masculino, dejando a la vista una bonita musculatura. Aquel hombre trabajaba duro para mantener en forma su herramienta de trabajo.



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