Kingswood, que había iniciado su vida como fundidor en los hornos de una fábrica de acero, dijo:

– No me vengas con esa mierda, Roscoe -cuando Heyward sugirió que los directores del banco debían ser informados de antemano de la situación de Ben Rosselli-. Ben ha hecho las cosas como las hubiera hecho yo. Decir las cosas primero a las personas que están más cerca, y después a los directores y a otros cuellos almidonados.

En cuanto a la posibilidad de una declinación en los depósitos del First Mercantile American, la reacción de Len Kingswood fue:

– ¿Y qué?

– Seguramente -añadió- el FMA bajará un punto o dos en la pizarra cuando se sepan las noticias. Sucederá porque la mayoría de las transacciones de depósitos están en manos de niños de mamá nerviosos, que no saben distinguir la histeria de los hechos. Pero, seguramente, los depósitos volverán a subir en una semana, porque los valores están ahí, el banco es bueno, y todos los que estamos dentro lo sabemos.

Y más adelante, en la conversación:

– Roscoe, este trabajo de antecámara que estás haciendo es tan transparente como una ventana recién lavada, por eso te diré con igual claridad mi posición, para que no perdamos tiempo. Tú eres un supervisor de primera categoría, el mejor hombre para números y dinero que he conocido nunca. Y si algún día tienes ganas de venirte aquí, a la Northam, con un buen cheque como paga y mejor opción en los depósitos, daré vueltas a mi gente y te pondré en lo alto de la pirámide financiera. Es un ofrecimiento y una promesa. Hablo completamente en serio.

El presidente de la compañía de acero declinó el ofrecimiento de Heyward y prosiguió:

– Pero, pese a lo bueno que eres, Roscoe, lo que quiero decir es que… no eres un directivo para todo alcance. Por lo menos, es como yo veo las cosas, y también es lo que diré cuando el consejo decida quién va a sustituir a Ben. Y otra cosa que quiero también decirte es que mi candidato es Vandervoort. Es algo que debes saber.



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