Connie Willis

Tránsito

Siempre recordaré la oscuridad y el frío.

EDITH HAISMAN, superviviente del Titanic.

—¿Cómo es aquello, Carides?

—Muy oscuro.

—¿Y qué hay del regreso?

—Son todo mentiras.

CALIMACO En amoroso recuerdo de Erik Felice, el Hombre de Hojalata.

Agradecimientos

Gracias de todo corazón a mi editora Anne Groell, mi agente Ralph Vicinanza, y a Phyllis Giroux y la doctora Elizabeth A. Bancroft, que me ayudaron con los detalles médicos.

Escribir este libro resultó en sí mismo una experiencia cercana a la muerte, y no habría sobrevivido sin el apoyo de mi hija Cordelia, mis pacientes amigas, el personal del Margie’s Java Joint y la infinita ayuda de mi marido, Courtney, y mi indispensable chica-viernes, Laura Norton.

PRIMERA PARTE

Silencio, silencio, estoy intentando contactar con Cape Race.

Mensaje del Titanic, interrumpiendo la advertencia que el Californian intentaba hacerle sobre la existencia de icebergs.

1

¡Más luz!

Ultimas palabras de GOETHE

—Oí un ruido —dijo la señora Davenport—, y entonces empecé a atravesar ese túnel.

—¿Puede describirlo? —preguntó Joanna, acercándole un poquito la minigrabadora.

—¿El túnel? —dijo la señora Davenport, contemplando la habitación del hospital, como si buscara inspiración—. Bueno, estaba oscuro…

Joanna esperó. Cualquier pregunta, incluso “¿Cómo de oscuro?”, podría dar pistas cuando se trataba de entrevistar a la gente sobre sus experiencias cercanas a la muerte, y la mayoría de la gente, cuando se enfrentaba al silencio, se disponía a llenarlo, y todo lo que el entrevistador tenía que hacer era esperar. No, sin embargo, la señora Davenport. Contempló su intravenosa durante un rato, y luego miró inquisitivamente a Joanna.



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