
Connie Willis
Tránsito
Siempre recordaré la oscuridad y el frío.
—¿Cómo es aquello, Carides?
—Muy oscuro.
—¿Y qué hay del regreso?
—Son todo mentiras.
Agradecimientos
Gracias de todo corazón a mi editora Anne Groell, mi agente Ralph Vicinanza, y a Phyllis Giroux y la doctora Elizabeth A. Bancroft, que me ayudaron con los detalles médicos.
Escribir este libro resultó en sí mismo una experiencia cercana a la muerte, y no habría sobrevivido sin el apoyo de mi hija Cordelia, mis pacientes amigas, el personal del Margie’s Java Joint y la infinita ayuda de mi marido, Courtney, y mi indispensable chica-viernes, Laura Norton.
PRIMERA PARTE
Silencio, silencio, estoy intentando contactar con Cape Race.
1
¡Más luz!
—Oí un ruido —dijo la señora Davenport—, y entonces empecé a atravesar ese túnel.
—¿Puede describirlo? —preguntó Joanna, acercándole un poquito la minigrabadora.
—¿El túnel? —dijo la señora Davenport, contemplando la habitación del hospital, como si buscara inspiración—. Bueno, estaba oscuro…
Joanna esperó. Cualquier pregunta, incluso “¿Cómo de oscuro?”, podría dar pistas cuando se trataba de entrevistar a la gente sobre sus experiencias cercanas a la muerte, y la mayoría de la gente, cuando se enfrentaba al silencio, se disponía a llenarlo, y todo lo que el entrevistador tenía que hacer era esperar. No, sin embargo, la señora Davenport. Contempló su intravenosa durante un rato, y luego miró inquisitivamente a Joanna.
