
¿Qué consejo he de darte para combatir una imaginación que yo mismo padezco? Trata de no enterarte. Y si te enteras fíngele a tu marido que su mejor amigo te pretende. Nada que hinche tanto (y hasta llene) la imaginación como el ardor de una sutil sospecha. Le bajarás los humos. Entenderá que no quieres conservarlo a toda costa.
Hazle saber también los deleites que encierra la experiencia y cómo el paladar degusta más sapiente los platos conocidos; sabe encontrarles sus sabores secretos. Las infidelidades suelen conducir a un fracaso de la fantasía; ésta se estrella contra una realidad que otorga menos de lo que promete. Y si la fantasía triunfa en él, si la realidad se le acomoda o la mejora, encuentra entonces tú también la fantasía porque sólo en el lomo de una nueva ilusión conseguirás olvido perdón indiferencia. Y para ilusionarte ¿qué has de hacer? Volver a abrir los ojos a los ojos que te miran, dejar al fin de hacerte la desentendida.
No sientes, no sientes, no sientes; hay veces que no sientes. Nada de nada, pero nada. Pareces alejada de tu cuerpo, como si te miraras desde lejos. Domina y manda en ti el fastidioso y metido pensamiento, hay un fracaso de tu fantasía. No temas, no claudiques, usa prudencia y tacto, enséñale a tu amante alguna cancioncilla secreta de tu cuerpo y llévale la mano como a un niño que esté aprendiendo las volutas de la caligrafía. Relájate, no pienses y no te exijas nada. Pide según lo que sientas. Hay períodos del ciclo mejores o peores; defínelos y aprovéchalos. Hay posiciones que todo lo mejoran: contactos que debes atreverte a insinuar, direcciones más útiles que otras, velocidades, fuerzas, palabras o silencios, quietud o movimiento. Busca tus sensaciones, déjalas salir, recuerda que en el hombre verdadero rio hay goce que equivalga al de verte gozar.
