
David había encontrado todo el episodio bastante desagradable, pero ¿qué podría haber hecho él? Clive había hecho su elección, y en opinión de David, había hecho la correcta. Harriet, finalmente, sería mucho mejor esposa para su hermano.
De todos modos, Susannah había sido una participante inocente en el escándalo; ella no sabía que el padre de Harriet rondaba a Clive, o que Clive pensó que Harriet, menuda y de ojos azules sería una esposa más conveniente. Clive debería haber hablado con Susannah antes de poner el anuncio en el periódico, e incluso, si fuera demasiado cobarde para advertirla personalmente, seguramente debería haber sido bastante inteligente para no hacer un magnífico anuncio publico del compromiso en el baile de los Mottram antes de que el anuncio oficial apareciera en el Times. Cuando Clive había estado de pie delante de la pequeña orquesta, con una copa de champán en la mano efectuando su alegre discurso, nadie había mirado a Harriet, que estaba, de pie, a su lado.
Susannah había sido el centro de las miradas. Susannah con la boca abierta de la sorpresa y los ojos afligidos.
Susannah, quien había luchado para mantenerse fuerte y orgullosa antes de huir finalmente de la escena.
Su rostro angustiado había sido una imagen que David había llevado en su mente durante muchas semanas, meses incluso, hasta que lentamente se fue desvaneciendo, perdiéndose entre sus actividades diarias y compromisos.
Hasta ahora.
