Era espantoso, realmente, cuánta influencia podría ejercer un solo hombre sobre la sociedad.

Estaba segura que Renminster era la razón por la que sus primos habían extendido la invitación. No es que pensara que los Shelbournes la hubieran estado evitando conscientemente – la verdad es que eran primos lejanos y no los conocía muy bien. Pero cuando empezó la temporada de teatro y ellos necesitaron a otra mujer para equilibrar el numero de invitados de ambos sexos, debió resultar muy fácil para ellos decir, "Oh, sí, ¿qué tal la prima Susannah? " cuando el nombre de Susannah había sido prominentemente destacado en la columna de Lady Whistledown del viernes.

A Susannah no le importaba por qué se habían acordado de repente de su existencia -iba a ver a Kean en El Mercader de Venecia.

"Estaré eternamente celosa," dijo su hermana Letitia mientras esperaban en el salón la llegada de los Shelbournes. Su madre había insistido en que Susannah estuviese lista a la hora acordada y no hiciera esperar a sus influyentes parientes. Una, se daba por supuesto, obligaba a esperar a los pretendientes, pero no a relaciones influyentes quiénes podrían extender invitaciones fervientemente deseadas.

"Estoy segura de que tendrás una oportunidad de ver la obra pronto," dijo Susannah, pero no podía evitar una sonrisa de satisfacción mientras lo decía.

Letitia suspiró. "Tal vez ellos quieran verla dos veces. "

"Tal vez presten el palco a Papa y Mama," dijo Susannah.

La cara de Letitia se iluminó. "¡Una idea excelente! Podrías sugerir… – "

"No haré tal cosa," la interrumpió Susannah. "Sería una grosería, y…- "

"Pero si surge la ocasión… "

Susannah puso los ojos en blanco. "Muy bien," dijo. "¿Si Lady Shelbourne dice: 'Mi querida señorita Ballister, ¿cree usted que su familia estaría interesada en la utilización de nuestro palco? ' puedes estar segura de que contestaré afirmativamente. "



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