
Susannah creía que el sentimiento era reciproco, pero desde luego ninguno de ellos pareció darse cuenta, y de hecho, la señorita Pritchard parecía haber depositado sus esperanzas en el otro soltero asistente, Lord Durham, quien, en opinión de Susannah, era un poco pelmazo. Pero no era asunto suyo advertirles de sus respectivos sentimientos, y además ambos, junto con Lady Shelbourne, parecían estar inmersos en una absorbente conversación sin ella.
Lo que la dejaba a merced de Lord Renminster, quien aún la miraba a través del hueco entre sus respectivos palcos. "¿Le gusta Shakespeare?” le preguntó ella conversacionalmente. Era tal su alegría por haber sido invitado a ver el Shylock de Kean que hasta se las podría arreglar para dirigirle una luminosa sonrisa a él.
"Sí," contestó él, " aunque de toda su obra prefiero las tragedias. "
Ella asintió, decidiendo que se sentía capaz de mantener una conversación cortés si él también podía. "Eso pensé. Son más serias. "
Él sonrió enigmáticamente. "No puedo decidir si acabo de ser halagado o insultado. "
"En situaciones como éstas," dijo Susannah, sorprendida al sentirse tan cómoda conversando con él, " debería optar por sentirse siempre halagado. Uno comprende que es más sencillo y agradable de este modo. "
Él rió en voz alta antes de preguntar, "¿Y usted? ¿Cuál de las obras del bardo prefiere? "
Ella suspiró felizmente. "Las adoro todas. "
"¿De verdad? " le preguntó, y ella se sorprendió al oír verdadero interés en su voz. "No tenía ni idea de que le gustara tanto el teatro. "
Susannah lo miró con curiosidad, ladeando la cabeza levemente. "No creía que usted se interesara por mis aficiones de una u otra forma. "
