"¿De quién es? " preguntó Letitia, una vez que terminó de masticar el trozo de bollo que había metido en su boca cuando había entrado el mayordomo.

"No la he abierto aún," dijo Susannah con irritación. Y si era inteligente, no la abriría hasta estar lejos de la compañía de Letitia.

Su hermana la contempló como si fuera imbécil. "Eso es fácilmente remediable," indicó Letitia.

Susannah dejó la carta sobre la mesa, al lado de su plato. "La miraré más tarde. Ahora mismo tengo hambre. "

"Ahora mismo me muero de la curiosidad," replicó Letitia. "¡Abre esa carta en este mismo instante o yo lo haré por ti!. "

" Voy a terminar mis huevos, y entonces- ¡Letitia! " El nombre salió más bien como un chillido, mientras Susannah embestía a través de la mesa sobre su hermana, que acababa de birlarle el sobre en una esmerada y veloz maniobra que Susannah habría sido capaz de interceptar si sus reflejos no hubieran estado embotados por la falta de sueño.

"Letitia" dijo Susana, con voz mortífera "si no me devuelves esa carta sin abrir, no te lo perdonaré jamás. " Y cuando no pareció funcionar, añadió, "Nunca, durante el resto de mi vida. "

Letitia pareció considerar sus palabras.

"Te perseguiré," insistió Susannah. "No habrá ningún lugar donde puedas permanecer a salvo. "

"¿De ti? " preguntó Letitia, dubitativamente.

"Dame la carta. "

"¿La abrirás? "

"Sí. Dámela. "

"¿La abrirás ahora? " insistió Letitia.

"Letitia, si no me devuelves esa carta en este mismo instante, te despertarás una mañana con todo tu pelo cortado. "

Letitia la miró boquiabierta. "¿No lo dirás en serio? "

Susannah le dirigió una fulminante mirada con los ojos entrecerrados. "¿Tengo aspecto de estar bromeando? "

Letitia tragó saliva y le ofreció la carta con mano inestable. "Creo que realmente lo dices en serio. "



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