
Susannah arrebató la misiva de la mano de su hermana. "Te habría cortado varios centímetros, al menos," refunfuñó.
"¿Vas a abrirla? " dijo Letitia, incapaz, como siempre, de no insistir sobre un tema.
"Muy bien," dijo Susannah, con un suspiro. Tampoco era como si fuera a ser capaz de guardarlo en secreto, de todos modos. Simplemente, había esperado poder aplazarlo. Aun no había usado su cuchillo de la mantequilla, así que lo deslizó bajo la tapa del sobre e hizo saltar el sello.
"¿De quién es? " preguntó Letitia, aunque Susannah no había desplegado aún la carta.
"De Renminster," dijo Susana, con un cansado suspiro.
"¿Y estás disgustada? " preguntó Letitia, con ojos maliciosos.
"No estoy disgustada. "
"Suenas disgustada. "
"Bien, pues no lo estoy," dijo Susannah, deslizando la única hoja hoja de papel fuera del sobre.
Pero si no estaba disgustada, ¿cómo estaba? Excitada, tal vez, un poco al menos, aunque estuviera demasiado cansada para demostrarlo. El conde era excitante, enigmático, y seguramente más inteligente de lo que había sido Clive. Pero él era un conde, y seguramente no iba a casarse con ella, lo que significaba que finalmente, ella sería conocida como la muchacha que había sido abandonada por dos Mann-Formsbys.
Era más, pensó, de lo que podría sobrellevar. Ella había soportado la humillación pública una vez. No deseaba particularmente experimentarlo otra vez, y en mayor medida.
Que era por lo qué, cuando leyó su nota, y su solicitud de acompañamiento, su respuesta inmediata fue no.
Señorita Ballister:
Solicito el placer de su compañía el jueves, en la reunión de patinaje de Lord y Lady Moreland, Swan Lane Pier, a mediodía.
Con su permiso, la recogeré en su casa a las doce y media.
Renminster
"¿Qué quiere? " preguntó Letitia, sin aliento.
Susannah simplemente le dio la nota. Pareció más fácil que referir su contenido.
