
¡Cielos!, ¿que podría ser más embarazoso que esto?
"¿No tiene entonces ninguna buena razón? " dijo el conde, con una de las esquinas de su boca ligeramente ladeada, aun cuando sus ojos nunca abandonaron su cara.
"No soy buena patinadora," balbució Susannah, esa mentira fue la única cosa que pudo pensar con tan poco tiempo.
"¿Eso es todo? " preguntó él, descartando su protesta con un caprichoso fruncimiento de sus labios. "No tema. Yo la sostendré. "
Susannah tomó aire. ¿Significaba eso que pondría sus manos en su cintura mientras ellos se deslizaban a través del hielo? De ser así, entonces su mentira, simplemente, podría resultar ser verdad, porque no estaba nada segura de que pudiera mantener el equilibrio sobre sus pies con el conde tan cerca.
"Yo… ah… "
"Excelente," declaró él, poniéndose de pie. "Entonces está arreglado. Seremos pareja en la reunión de patinaje. Si se levanta le daré su primera lección ahora. "
Él no le dio demasiada opción sobre el tema, tomando su mano y tirando de ella hacia arriba hasta ponerla de pie. Susannah echo un vistazo hacia la puerta, que notó no estaba tan abierta como ella la había dejado cuando entró.
Letitia.
La pequeña y furtiva casamentera. Iba a tener que tener una severa conversación con su hermana después de que Renminster finalmente se marchara. Letitia aún podría amanecer con todo su pelo cortado.
Y hablando de Renminster, ¿qué había dicho? Como la experta patinadora que era, Susannah sabía muy bien que no había nada que pudiera ser enseñado sobre ese deporte a menos que uno estuviera realmente sobre patines. Permaneció de pie de todos modos, en parte por curiosidad, y en parte porque su implacable tirón de su mano no le dejaba otra opción.
"El secreto del patinaje," dijo él (algo pomposamente, en opinión de Susannah), "está en las rodillas. "
