Y ahora él estaba allí.

¿Trataba de torturarla?

Sí, pensó Susannah, sin el menor rastro de melodrama, probablemente lo intentaba.

"¿Puedo informarlo de que usted lo verá en un momento? " preguntó el mayordomo.

Susannah asintió con la cabeza. Ciertamente ella no estaba en posición de rechazar una audiencia con el Conde de Renminster, sobre todo en su propia casa. Un vistazo rápido en el espejo le dijo que su pelo no estaba demasiado despeinado aun después de haber estado recostada sobre su cama durante una hora, y con el corazón palpitándole, bajó.

Cuando entró en la sala, el conde se apoyaba contra el marco, mirando por la ventana, su postura orgullosa y perfecta como siempre. "Señorita Ballister," dijo él, dándose la vuelta para enfrentarla, "estoy encantado de verla. "

"Er, gracias," dijo ella.

"Recibí su nota. "

"Sí," ella dijo, tragando nerviosamente mientras se dejaba caer en una silla, "eso pensé. "

"Me sentí decepcionado. "

Ella levantó rápidamente la mirada hasta su rostro. Su tono era tranquilo, serio, e incluso había algo en él que insinuaba emociones más profundas. "Lo siento," dijo ella, hablando despacio, tratando de medir sus palabras antes de pronunciarlas en voz alta. "Nunca quise herir sus sentimientos. "

Él comenzó a andar hacia ella, pero sus movimientos eran lentos, casi predadores. "¿No quería? " murmuró él.

"No. " Contestó ella rápidamente, ya que era la verdad. "Desde luego que no. "

"¿Entonces por qué," preguntó él, sentándose en la silla más cercana a la de ella, "se negó usted? "

No podía decirle la verdad – que no había querido ser la muchacha que había sido abandonada por dos Mann-Formsbys. Si el conde comenzaba a acompañarla a reuniones de patinaje y a otras celebraciones por el estilo, la única forma en que no pareciera que la había dejado plantada sería que realmente se casara con ella. Y Susannah no quería que él pensara que ella iba detrás de una oferta de matrimonio.



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