
Cuando se dio cuenta de que su mandíbula estaba apretada, él casi tuvo que comprobarlo con el tacto.
"¿Sucede algo, milord? " preguntó Susannah.
"Nada en absoluto," dijo él, en voz alta. "¿Por qué piensa eso? "
"Usted parece un poco" – ella parpadeó varias veces mientras consideraba su expresión- "enojado".
"En absoluto," dijo él, suavemente, forzando a todos los pensamientos de Clive y Susannah y Susannah y Clive a abandonar su mente. "Pero deberíamos intentar el patinaje otra vez. " Quizás esta vez lograría orquestar una caída.
Ella se alejó, como la chica lista que era. "Creo que este es el momento de tomar un té," dijo ella, con tono, de alguna forma, dulce y resuelto al mismo tiempo.
Si aquel tono no hubiera significado tan obviamente que él no iba a conseguir lo que quería, – a saber, su cuerpo íntimamente alineado con el de ella, preferentemente tumbados sobre el suelo -podría haberla admirado. Evidentemente era un talento, conseguir exactamente lo que uno quería sin necesidad alguna de borrar la sonrisa de la cara de alguien.
"¿Le gusta el té? " preguntó ella.
"Desde luego," mintió él. Detestaba el té, aún cuando esto fastidiaba siempre enormemente a su madre, que sentía que era el deber patriótico de todos beber la espantosa bebida. Pero sin el té, él no tendría ninguna excusa para no marcharse.
Entonces ella frunció el ceño, y mirándolo directamente dijo, "Usted odia el té. "
"Lo recuerda," comentó él, algo impresionado.
"Me ha mentido," indicó ella.
"Quizás porque esperaba permanecer en su compañía," dijo él, mirándola fijamente como si ella fuera un bizcocho de chocolate.
Él odiaba el té, pero el chocolate -bien, eso era otra historia.
Ella dio un paso al lado. "¿Por qué? "
"¿Por qué? en efecto," murmuró él. "Esa es una buena pregunta. "
