Ella dio otro paso al lado, pero el sofá bloqueó su camino.

Él sonrió.

Susana le devolvió la sonrisa, o al menos lo intentó. "Puedo hacer que traigan otra bebida para usted. "

Él pareció considerarlo durante un breve momento y entonces dijo, "No, creo que es hora de que me marché. "

Susannah casi jadeó ante el nudo de desilusión que se formó en su pecho. ¿Cuándo su ira por su arbitrariedad se había convertido en deseo de su presencia? ¿Y a qué jugaba? Primero él había inventado la excusa más tonta para poner sus manos sobre ella, después mintió para prolongar su visita,¿ y ahora, de repente quería marcharse?

Estaba jugando con ella. Y lo peor era… que una pequeña parte de ella disfrutaba con ello.

Él dio un paso hacia la puerta. "¿La veré el jueves, entonces? "

"¿El jueves? " repitió ella.

"La reunión de patinaje," le recordó él. "Creo que dije que la recogería treinta minutos antes."

"Pero nunca acepté ir," soltó ella.

"¿No? " Él sonrió suavemente. "Podría jurar que lo hizo. "

Susannah sospecho que caminaba por aguas traicioneras, pero simplemente no podía detener al obstinado diablillo que evidentemente había asumido el control de su mente. "No", dijo, "no lo hice. "

En menos de un segundo, él había retrocedido a su lado, y estaba de pie cerca… muy cerca. Tan cerca que el aliento abandonó su cuerpo, sustituido por algo más dulce, más peligroso.

Algo completamente prohibido y delicioso.

"Creo que lo va a hacer," dijo él suavemente, tocando con sus dedos su barbilla.

"Milord," susurró ella, atontado por su proximidad.

"David," dijo él.

"David," repitió ella, demasiado hipnotizado por el fuego de sus ojos verdes para decir algo más. Pero de alguna forma le pareció correcto. Ella no había pronunciado nunca su nombre, ni siquiera había pensado en él como en algo más que el hermano de Clive o Renminster, o simplemente el conde. Pero ahora, de alguna manera, él era David, y cuando ella examinó sus ojos, tan cerca de los suyo, vio algo nuevo.



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