
"¿Renminster, quiere decir? " preguntó él, inclinándose hacia ella hasta que quedaron casi nariz con nariz.
Su pregunta era tan extraña que ella no pudo contestar, tan solo asentir levemente.
"Quizás nunca lo conoció," sugirió él. "Quizás sólo pensó que lo hizo, pero nunca vio más allá de la superficie. "
"Quizás no lo hice," susurró ella.
Él sonrió, luego tomó sus manos en las suyas. "Esto es lo que vamos a hacer. Voy a ponerme de pie, y cuando lo consiga, tiraré de usted. ¿Está lista? "
"No estoy segura – "
"Allá vamos," refunfuñó él, tratando de levantarse, lo que no era tarea fácil dado que sus pies se apoyaban sobre patines, y los patines sobre el hielo.
"David, usted – "
Pero no sirvió de nada. Él se comportaba de forma predeciblemente masculina, lo que significaba que no atendía a razones (no cuando estas podían interferir con una oportunidad de mostrar un despliegue de fuerza bruta). Susannah podría haberle dicho – y de hecho, lo intentó- que el ángulo de palanca era inadecuado y que sus pies resbalarían y ambos iban a caerse de nuevo.
Que es exactamente lo que hicieron.
Pero esta vez David no se comportó de manera típicamente masculina, enojándose y buscando excusas. En cambio, simplemente la miró directamente a los ojos y se echó a reír.
Susannah se rió con él, su cuerpo estremeciéndose de pura y simple alegría. Nunca había sido así con Clive. Con Clive, aunque se había reído, se sentía siempre como si estuviera haciendo una demostración, como si todo el mundo contemplara su risa, preguntándose cual era la broma, porque uno no podía realmente ser parte del círculo más exclusivo y a la moda a menos que estuviera al corriente de todas las bromas privadas.
Con Clive, conocía todas las bromas privadas, pero no siempre las encontraba graciosas.
Aunque las había reído todas, esperando que nadie notara la incomprensión en sus ojos.
Esto era diferente. Era especial. Era…
