"¿Cómo te trata el matrimonio? " preguntó ella, intencionadamente.

Él se estremeció. "No pierdes el tiempo, ¿verdad? "

"Ni tu tampoco, por lo visto," refunfuñó ella, aliviada, cuando comenzaron a patinar. Cuanto antes empezaran a dar su vuelta alrededor de la pista, antes terminarían.

"¿Entonces, todavía estas enojada? " preguntó él. "Esperaba que hubieras logrado dejar atrás el pasado. "

"Logré dejarte a ti atrás," dijo ella. "Mi cólera es algo totalmente distinto. "

"Susannah," dijo él, aunque en realidad, su voz sonaba más bien como un gemido. Suspiró, y ella lo miró. Sus ojos estaban llenos de preocupación, y su cara había asumido un aire herido.

Y tal vez, realmente, se sentía herido. Tal vez, verdaderamente, no había querido hacerle daño y honestamente pensaba que ella era capaz de ignorar todo el desagradable episodio como si nada hubiera pasado.

Pero ella no podía. Simplemente no era tan buena persona. Susannah creía que algunas personas eran verdaderamente buenas y agradables en su interior y otras solamente trataron de serlo. Y ella debía pertenecer a este último grupo, porque simplemente no podía reunir bastante caridad cristiana para perdonar a Clive. Aún no, al menos.

"No han sido unos meses agradables," dijo ella, con voz rígida y cortante.

La mano de él se apretó alrededor de su brazo. "Lo siento," dijo. "¿Pero no ves que no tenía ninguna otra opción? "

Ella lo miró con incredulidad. "Clive, tu tienes más opciones y oportunidades que cualquier otra persona que conozco. "

"Esto no es verdad," insistió él, mirándola atentamente. "Tuve que casarme con Harriet. No tenía ninguna otra opción. Yo…"

"No " le advirtió Susannah, con voz grave. "No sigas por ese camino. No es justo para mí y ciertamente no es justo para Harriet. "

"Tienes razón," dijo él, algo avergonzado. "Pero…- "

"¡Y me importa un comino por qué te casaste con Harriet. No me importa si llegaste hasta el altar con la pistola de su padre apretada contra tu espalda! "



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